En estos últimos meses han aparecido en las noticias historias que hace veinte años habrían parecido una broma. Personas que se identifican como animales: lobos, zorros, gatos, cuervos. Se llaman therians . No se disfrazan necesariamente, sino que afirman que su identidad interior pertenece a otra especie. En paralelo, otro fenómeno cultural sigue creciendo: los cosplayers . Personas que adoptan la estética, vestuario y personalidad de personajes ficticios o históricos. Se visten como samuráis, héroes de anime o guerreros medievales. Durante un rato, habitan otra identidad. Todo esto suele presentarse como una señal de la crisis contemporánea de identidad. Ya no sabemos muy bien quiénes somos, y por eso muchos terminan buscando una identidad en otra parte: en un animal, en un personaje, en un pasado imaginado. Pero antes de que la iglesia mire estas cosas con demasiada superioridad moral, conviene hacer una pregunta incómoda: ¿Estamos seguros de que en la iglesia no tenem...