Hay una raza en crecimiento en el mundo cristiano actual. No es nueva, pero las redes sociales les han dado megáfonos que antes no tenían. Me refiero a los "imbéciles confesionales" —y uso el término con toda la caridad posible— esos personajes que confunden su propia interpretación doctrinal con la revelación divina, y que consideran que cualquiera que no recite su credo exacto es, básicamente, un emisario del anticristo.
¿Los has visto? Son los que escriben textos kilométricos pseudo-teológicos donde lloran por la “unidad” de la Iglesia, mientras acusan de herejes a todo el que no tiene su exacto código sacramental tatuado en el alma.
Predican la unidad, pero una unidad que pasa por arrodillarse ante SU confesión, SUS términos, SU catecismo. Porque claro, si algo no puede ser tolerado es que alguien, en el año 2025, piense diferente sobre el bautismo o la eucaristía. ¡A la hoguera con ellos! (digital, por ahora).
👉 ¿Hablar del amor como fundamento de la fe cristiana? Relativismo¹ .
👉 ¿Intentar tender puentes entre confesiones? Apostasia² .
👉 ¿Decir que hay cosas secundarias y que Jesús no exigía uniformidad doctrinal milimétrica para salvar? Blasfemia, herejía, cancelación inmediata ³.
Esta gente no busca la unidad. Busca hegemonía . No quiere una Iglesia viva y plural que discierne en el Espíritu; quiere una cámara de eco donde todos se rindan ante su teología sistemática (la versión que ellos heredaron de una rama del árbol del protestantismo o del catolicismo o de quien sea).
Y claro, se justifica citando a los apóstoles… como si Pedro y Pablo no se hubieran agarrado en público. Como si la historia de la Iglesia no fuera un eterno debate, una peregrinación conflictiva hacia la verdad. Como si la ortodoxia no hubiera sido el resultado de siglos de desacuerdos, luchas, concilios, exilios y reformas.
Pero no. Para ellos, la verdad bajó del cielo ya impresa en su confesión favorita (edición limitada, tapa dura, 1689 o Trento, depende del modelo). Y todo lo demás es basura moderna, “cáscara vacía” o “relativismo liberal”.
La ironía suprema es que muchos de ellos citan a mártires y santos que, según sus propios estándares doctrinales, estarían hoy excomulgados por herejes. El caso más delicioso es cuando citan a Philoxenos de Mabbug como modelo de fidelidad… sin darse cuenta de que fue exiliado por sostener ideas que estos mismos llamarían "heréticas". Pero bueno, ¿qué es la coherencia cuando tienes el monopolio de la verdad?
Notas
1. John Wesley ya advertía del peligro de un cristianismo que se aferra más a la doctrina que al amor: “Aunque tengamos razón en cada punto, si no tenemos amor, no somos nada” ( Sermón 39: El camino excelente , 1748). Véase también: John Wesley, The Works of John Wesley , vol. 2, ed. Thomas Jackson (Grand Rapids: Baker Book House, 1978), 439.
2. El teólogo metodista Thomas Oden señaló que la tradición cristiana debe ser guardada, pero nunca idolatrada, y que el Espíritu guía a la Iglesia a través del diálogo en amor, no mediante guerras confesionales. Thomas C. Oden, Después de la modernidad… ¿qué? Agenda para la teología (Grand Rapids: Zondervan, 1990), 101.
3. Randy L. Maddox, una de las voces más autorizadas del wesleyanismo contemporáneo, recuerda que para Wesley “el núcleo de la fe no reside en disputas doctrinales menores, sino en la transformación del corazón y la práctica de la misericordia”. Véase Randy L. Maddox, Responsible Grace: John Wesley's Practical Theology (Nashville: Kingswood Books, 1994), 86–89.
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