Muchos parecen pensar que sí. Como si la fe en el retorno de Cristo fuera una excusa piadosa para cerrar los ojos, cruzarse de brazos y esperar que todo se queme… para luego ascender como en película de bajo presupuesto. Pero si te das una vuelta por el pensamiento wesleyano, esa idea se desmorona más rápido que una profecía mal fechada. La escatología, lejos de ser una evasión de la realidad, es más bien un llamado a hacernos cargo de ella. Es una esperanza que no te saca del mundo, sino que te manda directo al campo de acción.
Por ejemplo, Theodore Jennings nos recuerda que la santificación, ese corazón del pensamiento de Wesley, no es simplemente portarse bien mientras esperamos el fin. Es una transformación tan profunda que necesariamente se vuelve social. ¿Qué gracia sería esperar un Reino de justicia mientras dejamos que el presente se hunda en la injusticia?¹ Ernesto Chacón, en un estudio muy serio —y muy necesario—, señala que si creemos en la redención de toda la creación, entonces cuidar el planeta no es opcional. La escatología no es una licencia para contaminar hoy porque "todo será nuevo mañana", sino una razón para proteger lo que Dios ya declaró bueno². Porque sí, hasta los árboles están incluidos en esa esperanza.
Desde una perspectiva más bíblica, pero no menos comprometida, J. Ayodeji Adewuya nos habla de vivir “transformados por gracia” como una realidad presente, no un ideal lejano. No se trata de quedarse en la línea de salida esperando el toque de trompeta, sino de correr la carrera de la justicia, la compasión y la esperanza desde ya³. ¿La gracia? No te da licencia para flotar, te impulsa a actuar. Y desde nuestras propias tierras, Samuel Escobar nos da un buen sacudón. Dice que una escatología que no toca la historia real de los pueblos —con su dolor, su lucha y su esperanza— no sirve ni para decorar sermones. La esperanza cristiana tiene pies, manos y voz. Se mide en la historia. Se compromete⁴.
Incluso en la estructura de nuestras iglesias, esta visión deja huella. Eduardo Román muestra que la esperanza escatológica empodera: no para dominar, sino para servir. Que los roles de liderazgo se abren no porque “el fin está cerca”, sino porque el Reino de Dios ya está entre nosotros, y eso cambia todo⁵.
Y si todo esto suena como una locura progresista de última hora, basta con revisar el documento oficial de Teología Bíblica del Movimiento Wesleyano en Norteamérica. Ahí lo dicen sin vueltas: vivir con esperanza escatológica es vivir con responsabilidad histórica. No hay Reino sin justicia. No hay cielo si ignoramos la tierra⁶.
Así que no, la escatología cristiana no es una balsa para escapar. Es más bien un megáfono que te grita: ¡despierta, actúa, ama! Porque el futuro que esperas ya empezó… y te toca construirlo.
La escatología no es el final del camino. Es el impulso para caminarlo mejor.
Referencias
1. Theodore W. Jennings, Santificación y transformación social: desafíos para el pensamiento wesleyano en el siglo XXI (Buenos Aires: Iglesia Evangélica Metodista Argentina, 2008), https://iglesiametodista.org.ar/.../santificacion-y...
2. Ernesto Chacón, El Proyecto de Testimonio Ambiental de la Iglesia Wesleyana de El Monte (Fuller Theological Seminary, 2016), https://digitalcommons.fuller.edu/cgi/viewcontent.cgi...
3. J. Ayodeji Adewuya, Transformados por Gracia: Perspectiva paulina de la santidad en Romanos 6-8 (Grand Rapids: Editorial Vida, 2005), https://books.google.com/books?id=tmJLAwAAQBAJ
4. Samuel Escobar, En busca de Cristo en América Latina (Terrassa: Editorial Clie, 2020), https://books.google.com/books?id=Zt_qDwAAQBAJ
5. Eduardo Román, La mujer en el liderazgo eclesiástico y administrativo en el contexto teológico wesleyano-pentecostal (Academia.edu, 2015), https://www.academia.edu/.../Mujer_en_Liderazgo...
6. Iglesia Wesleyana Región EE.UU./Canadá, Teología Bíblica: La Revelación Viva (2008), https://www.usacanadaregion.org/.../guides/TSGB_StuGu_SP.pdf
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