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“Entre el Reino de Dios y la transformación interior”

 

En su obra la divina conspiración, Dallas Willard nos invita a volver a pensar en el mensaje de Jesús sobre el Reino de Dios, este será un concepto que según nuestro autor ha sido mal interpretado y reducido a una mera promesa de salvación al final de los tiempos. Willard argumenta que el Reino de Dios, lejos de ser una utopía es una realidad presente y accesible “Jesús no vino solo a prepararnos para el cielo, sino mostrarnos cómo vivir en el Reino de Dios aquí y ahora”[1]  . Esta critica del autor apunta a la denuncia de una “salvación barata”, que promete seguridad eterna sin exigir transformación o un discipulado en el presente. En contraste con esta situación, el evangelio del reino según nuestro autor implica una vida renovada guiada por la voluntad de Dios que ya opera en el mundo “El evangelio no es solo sobre como entrar al cielo, sino sobre como vivir en el Reino de Dios en la tierra”[2].

Esta visión encuentra su ancla en el mensaje del Reino. Willard insiste en que el Reino de Dios no es una metáfora espiritual, ni una promesa lejana, sino “el ámbito en el que lo que Dios quiere sucede”[3]. Esta comprensión otorga una nueva dimensión a la vida cristiana común, en la que cada acción, cada decisión, cada relación o acto cotidiano puede vivirse en obediencia a Dios. “El Reino de Dios no es algo que ocurrirá solo al final de los tiempos; es algo que está disponible aquí y ahora para aquellos que lo buscan”[4].

 

En el otro texto del mismo autor “Renueva tu corazón”[5] Willard profundiza en el proceso de transformación del corazón, explicando que esto no es algo que podamos lograr por nosotros mismos, sino que es obra de Dios en nosotros afirmando "La transformación del corazón no es un logro humano, sino un regalo divino"[6] . Él describe este proceso como un "renacimiento" que implica la participación activa del creyente a través de la fe y la obediencia. "Debemos abrirnos a la obra de Dios en nosotros, permitiendo que Él nos moldee y nos transforme"[7]. Willard también enfatiza la importancia de las disciplinas espirituales, como la oración y la meditación, en este proceso: "Las disciplinas espirituales no son un fin en sí mismas, sino medios para abrirnos a la transformación de Dios"[8] . Esta observación de alguna manera mantiene la orientación temática respecto al primer texto revisado ¿será acaso que la vida cristiana es algo más dinámico, progresivo y practico de lo que pensamos?

Otro capítulo que salto a mi rostro fue donde describe el carácter de Cristo como la meta de la transformación del corazón. Él explica que ser como Cristo implica desarrollar cualidades como el amor, la humildad y la paciencia. "El carácter de Cristo no es una lista de virtudes, sino una forma de ser que fluye de una relación íntima con Dios"[9], escribe. Willard también enfatiza que este proceso es gradual y requiere paciencia: "El crecimiento espiritual no es un evento instantáneo, sino un proceso que dura toda la vida"[10]. Él concluye que "ser como Cristo no es una meta imposible, sino una realidad alcanzable a través de la obra de Dios en nosotros"[11].

Es así como Willard establece los fundamentos de su argumento: la transformación del corazón es esencial para llegar a ser como Cristo, y este proceso requiere la obra de Dios, la participación activa del creyente y también el apoyo de la comunidad. "Renovar nuestro corazón no es una opción; es el camino hacia una vida plena y significativa en Cristo".¹⁷

De estas lecturas entiendo que tanto el Reino de Dios como nuestra vida interior como cristianos, son procesos dinámicos y en constante construcción, más allá de las teologías clásicas y verdades confesionales existe una dimensión profundamente practica y por lo tanto abandonada de nuestra fe, esto me preocupa y desafía. Pues si bien quienes pertenecemos a tradiciones cristiana litúrgicas, rezamos el padre nuestro con una especial intensidad, muchas veces olvidamos la realidad de las cosas que pedimos en esta oración. Se nos va también que nuestra relación con Dios es en Cristo y que este es la medida antropológica que Dios demanda de nosotros y esto me recuerda mucho al enfoque anabautista de la teología, en especial del sermón del monte que tiene esta hermandad que en su lógica de seguimiento radical asumen este pasaje como practicable, por lo tanto posible.

¿Será que Willard nos invita a vivir a Dios como un Dios vivo, que reina y bajo esta luz cambiar nuestra realidad y vida interior?

 

 

 

Bibliografía

Willard, Dallas. La Divina Conspiración . El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2004.

Willard, Dallas. Renueva tu corazón: sé cómo Cristo . Nashville: Editorial Vida, 2002.



[1] Dallas Willard, La Divina Conspiración (Editorial Mundo Hispano, 2004), 9.

[2] Ibid., 10.

[3] Ibid., 12.

[4] Ibid., 12.

[5] Dallas Willard, Renueva tu corazón: sé cómo Cristo (Nashville: Editorial Vida, 2002), 10.

[6] Dallas Willard, Renueva tu corazón: sé como Cristo (Nashville: Editorial Vida, 2002), 45.

[7] Dallas Willard, Renueva tu corazón: sé como Cristo (Nashville: Editorial Vida, 2002), 50.

[8] Ibid., 60.

[9] Ibid., 100.

[10] Ibid., 110.

[11] Ibid., 121.

 

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