Vivimos en un mundo que busca a toda costa evitar el dolor, la enfermedad, el envejecimiento, la muerte y el sufrimiento. Pero al contrario de lo que se piensa desde el mainstream evangélico, el cristianismo no es un camino de evasión, sino un llamado a abrazar la realidad de nuestra existencia tal como es: frágil, limitada y vulnerable.
En la cruz, Dios no nos promete escapar de nuestra condición humana, sino que entra en ella. "El verdadero conocimiento de Dios y de nosotros mismos solo se obtiene en la humillación y el sufrimiento de la cruz"¹, afirmaba Lutero. Esto significa que no somos llamados a huir del dolor, sino a vivir en medio de él con esperanza y fe. Sobre esta afirmación Oswald Bayer nos recuerda que: "La justificación por la fe no elimina nuestra vulnerabilidad, sino que nos sostiene en medio de ella"². En otras palabras, ser cristiano no es ser inmune al sufrimiento, sino saber que Dios nos encuentra precisamente en él.
Gerhard Forde escribe: "La cruz nos enseña que Dios no está donde el mundo espera: en la fuerza y el éxito, sino en la debilidad y el fracaso aparente"⁴. Esto debería por completo nuestra visión de la vida cristiana. No estamos llamados a una existencia idealizada, sino a un seguimiento radical de Cristo en medio de la enfermedad, la muerte, el dolor y la incertidumbre. .Ser cristiano no significa huir del sufrimiento, sino vivirlo con un significado nuevo. Como escribió Dietrich Bonhoeffer: "Cuando Cristo llama a un hombre, lo llama a venir y morir"⁵. Esto no es una invitación al fatalismo, sino una esperanza que no depende de circunstancias ideales, sino de la fidelidad de Dios en la realidad de nuestra existencia .
La cruz nos enseña que no estamos solos en nuestra vulnerabilidad. Dios ha entrado en nuestra fragilidad y la ha redimido desde dentro. No temamos al dolor, a la enfermedad o la muerte; Cristo ya ha pasado por ahí y nos sostiene en cada paso.
Referencias
1.Martín Lutero, Obras de Lutero , vol. 31 (Fortress Press, 1957), 40.
2.Oswald Bayer, Teología al estilo luterano (Eerdmans, 2007), 56.
3.Gerhard Forde, Sobre ser un teólogo de la cruz (Eerdmans, 1997), 72.
4.Dietrich Bonhoeffer, El Costo del Discipulado (SCM Press, 1937), 99.
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